miércoles, 7 de julio de 2010

Quedarse en Casa no es Fácil

Es lamentable que entre nosotras mismas, las mujeres, nos creamos los cuentos de la sociedad machista y caigamos en el bajo de juzgarnos las unas a las otras.

Sólo porque yo tenga una carrera fuera de casa, no significa que sea mejor que las que optan (o no tienen más remedio) que quedarse en casa, ni viceversa (hay muchas mujeres que tienden a hablar mal de las que trabajan fuera).

Quedarse en casa con los hijos no es fácil ni es la opción más cómoda.

Cuando dí a luz a Diego me quedé en casa por 7 meses, una clase de baja maternal impuesta (no tenía más remedio). Los beneficios fueron muchos, entre ellos una unión súper estrecha con mi hijo pues no nos separábamos casi nunca. Como Diego era mi compañero de todo el día, me hice la costumbre de hablarle de todo (igual que aparece en los comerciales de TV) y creo que esto lo ayudó a desarrollar su vocabulario relativamente rápido. Aprendí muchas cosas sobre los niños y lo disfruté al máximo. Sentía cierto placer en ver llegar a mi esposo y ponerle la comida lista en la mesa e irme a lavar los platos mientras él jugaba con Diego.

Pero también pasé mucho estrés, sobre todo porque las siestas duraban poco y constantemente lo tenía “encima de mí”. Al principio, los baby blues (depresión postparto) me dieron muy fuerte y a pesar de que contaba con mi madre y yo realmente no hacía mucho mientras ella estuvo ahí, sentía una enorme presión sobre mi con esta vida nueva que dependía principalmente de mí. Además limpiar una casa, cocinar y cuidar del niño todos los días era mucho trabajo.

Hay que ser tan creativa y sociable como cuando una trabaja fuera, para reservar sus tiempos para una misma y los demás. La verdad es que perdí algunas amistades al desaparecerme casi por completo del mapa.

Que nadie menosprecie a la madre que está en casa día tras día lavando, limpiando, cocinando, planchando, y haciendo la decena de tareas que requiere cuidar de un hogar.

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