domingo, 13 de junio de 2010

Criando Hijos (Verdaderamente) Felices


Diego es un niño sumamente feliz, y lo ha sido así desde que nació, con lo que se podría argumentar que la felicidad es un estado natural. Y aunque comparto esa opinión, también creo que es un estado que se debe fomentar, de lo contrario se puede perder.

Por supuesto, queremos criar hijos saludables también en sentido emocional. No queremos hijos traumados, malhumorados, ni deprimidos. Mucho depende de nosotros criar hijos verdaderamente felices, que luego crecerán en jóvenes y adultos felices.

No basta con compartir abrazos y besos, y maravillarnos con su talento, imaginación y juegos (todo es bueno, pero no basta). Para la verdadera felicidad, tenemos que llegar más allá de momentos y estados de ánimo alegres y ayudar a nuestros hijos a desarrollar un conjunto más amplio de emociones positivas.

La Dra. Christine Carter, autora de Raising Happiness: 10 Simple Steps for More Joyful Kids and Happier Parents (Aumentando la Felicidad: 10 pasos para hijos y padres más felices), nos aconseja los siguientes pasos para inculcar pensamientos positivos en nuestros hijos:

- Ser contagioso: Los padres tienen que trabajar en su propia felicidad –en su matrimonio, como pareja, en su vida laboral, y con otras relaciones. “entonces podremos ser mejores padres”, dice la Dra. Carter.

- Tener comidas alegres: una rutina de cenar en familia (por lo menos) tiene un efecto enorme en el bienestar emocional de los niños, especialmente cuando Ud. sonríe, ríe, y comparte las cosas buenas del día mientras comen.

- Construir un pueblo*: la felicidad está ligada a las relaciones sociales. Ayude a su hijo a conocer a sus vecinos y su comunidad, pertenezca a una organización religiosa que comparta su fe y con la que se asocie regularmente. Fomente la amistad con amigos dentro y fuera de la escuela.

- Beneficios de las mascotas: una mascota puede ayudar a toda la familia a sentirse mejor. Según muchos estudios, los niños que tienen mascotas tienden a ser más responsables y sociables (aprenden a conectarse y compartir), son más empáticos (al tratar de entender lo que siente el animal). Y más allá de su amor incondicional, las mascotas pueden ayudar a mitigar la soledad. Claro, tener mascota no es una decisión que se toma a la ligera (nosotros no tenemos una) por lo que trataré el tema más ampliamente en otra ocasión.

Ayudar a nuestros hijos a tener una amplia gama de hábitos emocionales positivos puede tener un gran efecto sobre su felicidad. Parece sencillo, pero la verdad es que si nosotros practicamos hábitos felices, más probable será que tengamos hijos felices.


* En USA se usa mucho el adagio: it takes a village to raise a child –toma todo un pueblo para criar un hijo

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