miércoles, 12 de mayo de 2010

El Problema Con Los Súper Hijos


Este es el horario de Andrea (se han cambiado los nombre por privacidad), la hija de mi amigo Antonio: 7:30 a 1pm en la escuela, 2-3 en clases de ballet, 4:30 a 5:30 en clase de piano y flauta. A parte de esto pertenece a los girl scouts y por lo tanto tiene que estar participando en sus actividades durante la semana y los fines de semana. Andrea tiene 9 años.
Por otro lado, Lucia de 7 años tiene que ser operada de la columna pues sufre una condición desde nacimiento llamada _______ y las clases de ballet que su madre se empeñó en que la niña tomara a pesar de conocer los riesgos de su condición, han empeorado la salud de la niña hasta llegar al extremo de necesitar cirugía.

Muchos padres que hemos venido de situaciones económicas difíciles y ahora tenemos mejores circunstancias, queremos darles a nuestros hijos “todo lo que no pudimos tener” nosotros. Los metemos en clases de baile, de fútbol, de karate, de todo lo que se nos ocurra a nosotros, y simultáneamente.

El problema con esto, es la presión que ponemos sobre nuestros hijos y el poco tiempo que le dejamos para que simplemente sean niños y jueguen y se diviertan libremente. Yo creo que está bien que tengan algún interés, pero creo que es un error ponerlos en cada cosa posible y encima esperar que le guste todo y que sobresalga en todo.
Creo que a los niños hay que dejarlos que desarrollen sus intereses propios. Con observación, interés, e involucrándonos en sus actividades podremos percibir “para qué son buenos” y fomentar tal interés.

Mi Diego, que apenas tiene 3 años, desde que tenía apenas meses ha sido siempre muy musical: sabe llevar la melodía y tiene muy buen ritmo para bailar y para tocar (eso de que los talentos saltan una generación es cierto porque ni el padre ni yo somos buenos para la música o el baile, en cambio los abuelos….).
Los viernes Diego va a clases de Música y Movimiento donde lo exponen a diferentes instrumentos musicales. Son clases de media hora nada más y obviamente no son estructuradas.
Diego nunca ha tenido mucho interés por la pelota a pesar del fanatismo de Hugo (el padre) por el fútbol. Así que más o menos vamos entendiendo que el niño puede tener talento en la música más bien que en el deporte. Ahora bien, puede ser que un par de años más el chico cambie. Pero ahí estaremos para darnos cuentas y aceptar sus intereses.
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